—Vaya, justo lo que imaginaba que se encontraba debajo de esa ropa de anciana. —Fuera de control, Nel no pudo evitar seguir callada, solo dejándose llevar por el instinto.
La recostó en la cama, mientras de manera hábil, le quitaba el resto de las prendas. Comenzó a besar su cuello y fue bajando por sus senos, los cuales saboreó como un niño pequeño. Nell casi sentía como mojaba la cama con su excitación. Pero no se detuvo y siguió bajando hasta llegar a su coñ0, el cual comenzó a follar con su