En aquellos momentos Alessandro lo que más deseaba era evitar cualquier tipo de contacto con su primo, él sabía muy bien que nada podría terminar bien.
—Primo, primo, primo —comentó Paolo con aquel ridículo tono molesto en su voz.
—Voy de salida y no tengo tiempo para perder contigo —espetó Alessandro intentando pasar por su lado, pero él se lo impidió.
—¿Por qué tanta prisa querido primo?, mejor toma asiento y disfruta un vaso de licor, ha pasado un largo tiempo sin que podamos hablar como lo