Durante todos los días Sophia visitó a Alessandro, él se encontraba bastante débil y el doctor había recomendado que no se esforzara para hablar, así que ella disfrutaba de sus libros al leer en voz alta para que él escuchara.
Alessandro disfrutaba escuchar su melodiosa voz, su rostro perfecto con aquel tono de piel que le hacía perder la concentración, y cuando hacía una pausa y fijaba la mirada con la suya definitivamente aceptaba aquello que no deseaba decir.
Sophia procuró durante aquello