Capítulo 52 – una rabieta que puede cobrarlo todo.
–Tenía que trabajar, no tengo un auto, así que, ya que tu no deberías estar en pie, supuse que no lo ibas a utilizar. Solo lo tomé prestado por un par de horas – se explicó, mientras intentaba restarle importancia al asunto.
Ciertamente la cara de Dante le decía que estaba a punto de matarla con sus propias manos y quería que de forma milagrosa él lograra entender, que no había razón para formar una tormenta de un vaso de agua.
–¡Tenías que haberme dicho, Emma! – vociferó – no puedes tomar mis