Llegamos al edificio y Salomé no esperó ni un segundo para bajarse del auto. Se dirigió solita a la recepción, yo me quedé atrás, pero pude ver que le estaba exigiendo a Sakura que la dejara entrar, cosa que la pelinegra se negaba.
—Lo siento, pero debe tener cita previa para poder verlo, no quiero problemas como la última vez —habló Sakura, apenada.
Salomé golpeó el mesón con su mano. Terminé de llegar a su lado, por lo que me sobresalté en cuanto hizo eso.
—¿Sabes con quién estás hablando? ¡S