Ella le quitó la mano y luego se la metió en la boca, lamiendo los dedos de manera lujuriosa para decir:
— ¡Estoy esperando, cariño!
Él torció su boca en lo que pareció ser una sonrisa y dijo:
— Ella trabajaba para mí como una de mis prostitutas, pero después de ganarse mi confianza, un día huyó, había estado buscándola todo éste tiempo, hasta ésta noche.
Lorena sin poder contenerse soltó una carcajada sonora y respondió:
— ¡Así que la niña, es una vulgar prostituta! ¡Mira y tan digna que se