66. Dijiste que me ayudarías
Samira
—Aquí tienes el té, mi niña.
—Muchas gracias Anya, lo tomaré y me acostare, estoy algo cansada—le digo y la mujer entiende enseguida la indirecta, porque luego de decirme que descanse sale de la habitación.
Es entonces cuando a tientas tomo la pequeña mochila del closet y guardo todo lo que puedo en ella, entre ropa interior, blusas y pantalones, antes de finalmente hacer lo que más duro va a darme: Escribir la carta a Amir.
No pienso irme sin decirle que sé la verdad. Sin que sepa qu