Las manos firmes de Jorge presionaban suavemente el brazo de Lucía, como si le estuviera enviando una débil y sutil corriente eléctrica que le estremecía el corazón. Al verlo a él concentrado en el masaje, Lucía pensó que se veía increíblemente bien así, y no podía dejar de observarle.
Después de terminar con un brazo, Jorge directamente pasó al otro. Al cabo de un buen rato, levantó la cabeza lentamente y le preguntó:
—¿Te sientes mejor?
Jorge estaba tan cerca que, al levantar la cabeza, los l