Sintiendo el calor de la mano, Jorge abrió lentamente los ojos y vio justo a Lucía con la cabeza algo inclinada, concentrada en su tarea, lo que lo distrajo por un momento.
Después de un largo rato, Lucía soltó el algodón después de confirmar que no había sangrado. Suspiró muy aliviada y se estiró perezosamente, solo para darse cuenta de que en ese momento Jorge la estaba observando con interés.
Lucía se quedó inmóvil por un instante, luego retiró muy discreta su mano y sonrió incómoda.
—Ah… ¿y