—¡Vamos!—me dijo con una amplia sonrisa mientras tiraba de mi mano escaleras abajo como si tuviera prisa
—Nikolas, detente—le pedí divertida incapaz de seguirle el paso con aquellas sandalias de tacón—¿A dónde vamos?—pregunté cuando modero su paso
—Es una sorpresa—me miro por sobre su hombro mostrándome aquellos hoyuelos que lograban camuflarte con su lunar de luna—Ven vamos—me ordenó divertido y devolviéndole la sonrisa lo seguí.
De hecho lo seguirías a donde fuese—me afirmó mi conciencia