Capítulo 12
—Oh, lo siento, Su Alteza —respondí, y me apresuré a buscar su túnica—. Si tiene frío...

—No —interrumpió él—. Voy a asearme y a descansar ahora. Terminé con mi trabajo por hoy.

Mis ojos se abrieron de par en par.

—¿Quiere... quiere que lo asista con el baño?

Me lanzó una mirada fría y mi corazón dio un vuelco.

—No hace falta —dijo con seriedad.

Un escalofrío me recorrió. ¿Había sido una suposición demasiado íntima para hacerla en voz alta?

—Solo prepara la tina y luego espérame afuera.
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