Con un pequeño incidente como este, la celebración del aniversario continuó según el protocolo habitual.
Yo permanecía sentada en un rincón, temiendo que el anillo de diamantes se me cayera. A pesar de que me había escondido, de vez en cuando alguien se acercaba a charlar. Como señora Castillo, tenía que recibirlos con una sonrisa.
Realmente no quería seguir intercambiando palabras con personas desconocidas en el evento, así que al final me refugié en el baño. No esperaba encontrarme con Estela,