Al regresar a casa, Daniel no dejaba de insistir en que yo no debía adelantarme a ejecutar el plan sin avisar. La verdad es que todos sabíamos que Natalia iba tras él. Solo que no había encontrado el momento adecuado, y ahora que me iba, esa era su oportunidad.
Hasta que me fui, Daniel seguía molesto mientras me llevaba al aeropuerto en su auto.
—No puedes hablar mucho con Rafael, ni quedarte a solas con él, ni...
—¡Está bien! Solo voy a trabajar, no a vacaciones. Si no te sientes seguro, puedo