La penetraba con fuerza, sus gemidos lo excitaban más, dándole más motivo para que la poseyera con más fuerzas.
_ ¡HAy, ay, Jack, por favor!
_ ¿Quieres más?
_¡Sí!!!
Jack Bill
Los gritos de ellas, eran melodía en mis oídos, era imposible parar, estaba tan excitado que la dome hasta escuchar mi nombre en grande en sus palabras. Hasta que me suplicara que no podía más, no me atrevería a soltar sus jugosos pezones.
Gritaba mi nombre, como loba enjaulada, no suplicaba . Mis ojos estaban hipnoti