Si había una promesa. Era no volver sin mi hermana. No volvería sin ella. Me habían dado varias patadas. Y las chicas eran varias. Me agarraron en los brazos, y me arrodillaron con la cabeza baja, delante de este inepto hombre. Me odiaba a mi misma por no defenderme lo suficiente. Por no practicar lo suficiente. Eso era lo único que divagaba en mi mente.
Débil, no era una palabra que usaría, en ninguna situación. Tenía que ser fuerte, no podía rendirme, tampoco era una opción. Me sentí frustrad