_ ¡Espero que no hayas cambiado de planes!
Relamiendo los labios entre abiertos con la lengua rosada. Abrió los muslos, exponiendo su desnudez a la mirada de él. Kelvin lanzó un gemido al ver lo más bello de ella, frente a sus ojos.
No pudo contenerse, tenía que tocarla. Tenía que descubrir si su sabor era tan bueno como su aspecto. Recorrió sus suaves piernas con los dedos y le separo aún más las rodillas. El montículo redondeado que era su centro de atención se habría ligeramente; Los carn