CAPÍTULO 18
Luego de algunos segundos de agonía, por fin llegamos, Bruno estacionó el coche, mientras que yo corrí desesperada hasta la sala de cirugía. Allí, mi profesor me recibió con un cálido abrazo, entre tanto los médicos encargados de mamá se dirigieron hacia mí con un aura de malas noticias que erizó cada vello de mi piel.
—¿Cómo está mamá?
—Mal.
Soltó sin tapujos uno de los doctores.
—¿Qué sucedió?
Volví a preguntar.
—El estado de tu madre es terminal… Pero…
Se quedó callado.
Mis pasos