CAPÍTULO 12
Bruno Harper
Maldigo cuando por fin las puertas del elevador que dan al piso de mi oficina se abren, caminó con pasos pesados por los pasillos de mi empresa y azoto la puerta al llegar a mi zona de trabajo. Odiaba profundamente venir de emergencias a Harper Fashion House los fines de semana, sin embargo, debía firmar unos estúpidos permisos para la siguiente pasarela de la nueva colección de moda de mi compañía.
Mi hermana MacKenzie llegaría hoy de Milán, así que el trabajo sería un