Despertar junto a mi esposa me llenó de incertidumbre y remordimientos de conciencia. No era para nada honorable de mi parte mi comportamiento hacia ella.
Desde que nos casamos, se había esmerado tratando de complacerme y de tener un buen matrimonio y yo me había encargado de evadirla a toda costa.
La miré por un rato mientras dormía, su cuerpo y su rostro parecían de una niña, aun cuando ya era una mujer de casi veinte años.
Se abrazaba a mi pecho como si intentara demostrarme que estaba dispu