Después de mi aventura con Seung-Yi, me dediqué a recorrer la ciudad de Shanghái en solitario. Trataba de no pensar en él ni en lo genial que hubiera sido pasear tomada de su mano. Pero cada noche cuando volvía a mi habitación en el hotel recordaba sus manos recorriendo mi cuerpo y sus besos en mi piel.
Suspiré cuando dejé las rosas china en el bote de basura, pero no pude evitar tomar una y guardarla dentro de mi libro favorito, en un acto de romanticismo quería conservar un recuerdo del hombr