Fabrizio
—Disculpe, señorita, me preguntaba si podía decirme dónde estaba —la muchacha me miraba extrañada. Tenía el cabello negro y los ojos verdes. No se parecía en lo absoluto a mi Margarita y, sin embargo, había algo en ella que me decía que estaba relacionada. Más allá de la flor en su cabeza, había algo inexplicable.
—¿Dónde estamos? Pues en el Paraíso del Bosque, el lugar para que los caminantes, perdidos o no, se encuentren y descansen —respondió mientras volvía a tocar el piano.
¿Qué d