El Hotel Bentley todavía ardía cuando Hella abrió los ojos.
Ya no estaba dentro del edificio, sino en la acera del otro lado de la calle, con la espalda apoyada contra un poste de luz y la cabeza martillándole como si alguien hubiera tomado un mazo contra su cráneo. El aire olía a humo y a plástico derretido, y en algún lugar detrás de ella la gente seguía gritando.
Nero estaba en cuclillas frente a ella, con las manos en sus hombros y la boca moviéndose, pero ella no podía escuchar lo que decía