LYRA
Mira se puso de puntillas, tratando de mirar dentro de la habitación.
—¿Quién está ahí, Lyra? —sus ojos irradiaban pánico y lograron transmitírmelo.
—No hay nadie ahí —respondí, cerrando la puerta.
—No me digas que estás teniendo una aventura cuando apenas te has casado —susurró en voz baja.
—Mira —la llamé con miedo.
—Lo sabía —dijo y me empujó dentro de la habitación, cerrando la puerta detrás de nosotras.
—¿Tu esposo lo sabe?
—No, no lo sabe —negué con la cabeza.
—Debes tener cuidado y