POV Ainoha
Detuve el beso. Las pupilas de Azrael se dilataron, transformándose en dos pozos de obsidiana feroces que devoraban mi figura con una intensidad que me hizo flaquear las rodillas.
Su gesto, habitualmente sereno o burlón, se había vuelto severo, dominado por una urgencia primitiva que yo misma había provocado.
Antes de que pudiera pronunciar palabra, sus manos —grandes, firmes y calientes— me rodearon la cintura y me alzaron del suelo como si no pesara nada.
Un jadeo escapó de mis labi