POV Marina
—¡Mientes!
Mi voz resonó por toda la habitación.
Sentía que el pecho me ardía, que el aire apenas lograba entrar a mis pulmones.
Negué una y otra vez con la cabeza.
—¡Eso no es posible! ¡No puede ser verdad!
Patricia permaneció inmóvil frente a mí. Sus ojos estaban rojos por el llanto, pero ya no retrocedía. Era como si hubiera esperado demasiado tiempo para decir aquella verdad y, ahora que por fin la había soltado, nada pudiera detenerla.
Respiró profundamente antes de hablar.
—Sí e