POV Gianna
—¿Qué esperas para complacerme? ¿Acaso no es el deber de una esposa?
Las palabras de Kyllian resonaron en la recámara oscura como un latigazo.
Observé su rostro; sus ojos, antes fríos, ahora centellaban de una pasión que me hizo hervir la sangre.
Tenía las pupilas tan dilatadas devorado por su propio deseo.
Cuando puso sus manos sobre mis hombros, sentí una sacudida eléctrica.
Estaba temblorosa, no de miedo, sino de una anticipación que comenzaba a elevar la temperatura de la habita