Vicenzo.
Su cuerpo se estremece entre mis brazos cuando empiezo a regar besos por su cuello. Jadea y cierra los ojos disfrutando de lo que le hago.
—¿Y dices que me detenga? —la obligo a abrir los ojos de nuevo, y me mira sonrojada —. Lo estás disfrutando, pequeña.
—¿Acaso soy de hierro? —protesta, desviando la mirada —siento todo lo que me haces.
—Entonces voy a continuar —le sujeto rápidamente las manos sobre la cama, ella me mira sorprendida —. Hagámoslo esta noche, Karina, ¿Si?.
—¿Ah?