Después de alistarnos para ir al tratamiento, salgo de la habitación donde tengo que ver la mirada sugestiva de mi suegra y como bailan sus cejas para hacer más profundas sus expresiones.
—Madre, detente. Incomodas a Adhara. — Dice mi esposo.
—No entiendo porque tendría que incomodarse, no he dicho algo y si pude soportar el olor de su vinculación, creo que ella puede soportar la mirada que les estoy dando. — Dice mi suegra y yo me ruborizo.
—Bien, pero, si algo le pasa a mi hijo, por estresar