Alexa
Estaba sentada en el banco del parque, observando cómo mis pequeños jugaban alrededor, sus risas llenando el aire. Remo estaba jugando con Iris, corriendo por el césped con la alegría de un niño que no conoce la maldad del mundo, mientras Rubí permanecía a mi lado, mirando a los demás con una expresión que variaba entre la molestia y el desdén. Últimamente, había notado que mi hija no dejaba de resentirme, y aunque intentaba comprenderla, el dolor de su comportamiento me hacía sentir que