Estaba completamente furiosa con Raegan, y el odio que sentía hacia él hervía en mi interior como un volcán a punto de estallar. Después de todo lo cruel que era, lo único que deseaba era hacerlo pagar por su maldad. La discusión entre nosotros se intensificaba con cada palabra, una espiral de gritos y reproches que parecía no tener fin.
—¡Tú consientes demasiado a Remo! —bramó Raegan, su rostro enrojecido por la ira.
—¡Porque lo amo! —le grité de vuelta, sintiendo que la rabia me quemaba l