Jaqueline
El peso del sueño mezclado con la angustia no me dejaba completamente en paz. Fue entonces cuando reconocí aquella voz familiar, llena de cuidado:
—¿Jaque?
Mi corazón dio un salto. Me giré lentamente y vi a Caio de pie en medio del cuarto, con los ojos fijos en mí, intentando disimular la preocupación que se desbordaba en su rostro. Una pequeña sonrisa involuntaria apareció en la comisura de mis labios, a pesar del dolor aún presente.
—Caio… —mi voz salió ronca, pero aliviada.
Avanzó