Alexandre
Después de la despedida cargada de emoción, abracé a Jaqueline dentro del auto, manteniéndola cobijada entre mis brazos. Observaba su hermoso rostro con atención. Temía que se arrepintiera de volver a São Paulo, decidiera dejarme y quedarse en su ciudad natal. Por un momento me sentí inseguro. Pero ella, con su manera dulce y sincera, sonrió con cariño, considerándome exagerado. Suspire aliviado. No sabría qué hacer sin Jaqueline a mi lado.
El viaje de regreso fue largo y cansador. Cu