Edgar
Me senté en el amplio balcón de la suite de lujo, sintiendo la brisa nocturna del resort acariciar mi rostro. El paisaje frente a mí estaba iluminado apenas por las luces lejanas y por el reflejo plateado de la luna sobre el agua. Me dejé envolver por el silencio, cuando escuché unos pasos detrás de mí.
Era Júlio César. Se acercó y arrastró una silla hasta mi lado, sentándose sin decir nada al principio. Permanecimos en silencio, escuchando solamente a los grillos y el murmullo suave del