La persona que había estado observando durante sesenta años llegó un jueves por la mañana.
Tenía ochenta y tres años, medía un metro cincuenta y vestía un traje de lino color crema con la postura de quien, décadas atrás, había decidido que la forma en que ocupas el espacio comunica todo lo que vale la pena comunicar antes incluso de abrir la boca. Entró por la puerta de la finca Knight en un coche sencillo pero excelente, conducido por un joven que la ayudó con la eficiencia experimentada de un