La lluvia comenzó a caer en cortinas pesadas y rítmicas, lavando el hollín y el polvo de cemento de mi rostro mientras miraba fijamente la pantalla brillante del teléfono. La imagen de la furgoneta de transporte en llamas se reflejaba en mis ojos, un halo distorsionado de naranja y rojo.
A mi lado, Lucian permanecía completamente inmóvil. El hombre que acababa de cruzar en motocicleta una grúa de construcción a trescientos metros de altura parecía paralizado. El teléfono yacía en la tierra entre