Seguía allí paralizada sin saber que decir, oyendo su voz del otro lado del auricular.
—Bonjour — Bramó él, con voz exasperada.
No respondí. Separé el auricular de mi oreja lentamente.
Saboreaba la agitación del otro lado, imaginando su rostro contraído en una mueca de fastidio al no recibir respuesta.
Sostuve el teléfono a unos centímetros de distancia.Con un movimiento seco, colgué.
El clic del teléfono al encajar me hizo volver a mi realidad.
Me quedé inmóvil, con la mano todavía apoyada