La tormenta se había asentado sobre la mansión, con truenos retumbando en la distancia y ráfagas de viento sacudiendo las ventanas. Carttal se quedó en silencio junto a Aslin, sintiendo el peso de la noche sobre sus hombros. Pero la tranquilidad duró poco.
Un golpe apresurado en la puerta rompió el momento. Ethan entró sin esperar permiso, su rostro pálido y su respiración agitada.
—Carttal… tenemos un problema.
Carttal se puso de pie de inmediato, sus músculos tensándose.
—¿Qué pasa?