Cecilia se sobresaltó al escuchar los golpes en la puerta, cada vez más fuertes, acompañados del chirrido del metal forzado. El corazón le retumbaba en el pecho, pero no dudó ni un segundo. Tomó su mochila con rapidez y sus ojos recorrieron la habitación en busca de una salida.
La encontró: una ventana.
Corrió hacia ella, la abrió con brusquedad y, sin pensarlo demasiado, trepó al marco justo cuando la puerta se abría de golpe. Dos hombres armados irrumpieron en la habitación, pero ya era tarde