Abrí los ojos y noté que ya era de día. Me levanté y fui al baño, observando mi apariencia deteriorada. Tenía enormes ojeras debido al llanto y mi rostro estaba completamente pálido. Además, me percaté de que había perdido mucho peso; supongo que mi enfermedad poco a poco me estaba consumiendo.
Cepillé mis dientes rápidamente y me di una ducha. Me vestí, bajé las escaleras y, de inmediato, los recuerdos de la noche anterior invadieron mi mente. La enorme mancha de sangre en el suelo había desap