Al llegar a la habitación, Mary me ayuda a quitarme la ropa. Entro al baño y me doy una ducha completa. Al salir, me pongo una pijama y me recuesto.
Unos diez minutos después, escucho suaves golpes en la puerta.
—Adelante —digo con voz apagada.
Veo que se trata de Mary, quien trae una bandeja en sus manos.
—Señora, le he traído su cena —dice amablemente.
—Muchas gracias, Mary, pero no tengo nada de hambre —respondo desanimada.
—No diga eso, debe comer o se enfermará.
Sin ganas de discutir