Alexander no dijo nada. Solo se inclinó lentamente hacia ella, dejando que el silencio llenara cada espacio entre ambos. Sus manos, grandes y frías, se deslizaron por la curva de su cintura, tomando con firmeza el borde de la tela que cubría su cuerpo. Con movimientos lentos, casi ceremoniales, le retiró la lencería como si despojándola de esa prenda también le quitara cualquier rastro de voluntad.
Jessica se dejó hacer. No dijo ni una palabra. Solo cerró los ojos y respiró hondo, intentando qu