MENTIRAS Y MÁS MENTIRAS II
¿Creía que yo no tenía dinero para una bebida? Sonreí, amargada. Sí, seguramente eso era lo que Enzo pensaba de mí. Y no se equivocaba. Aun así, yo tenía orgullo.
Miré al camarero:
— Un agua sin gas para mí y un trago de whisky para él. YO PAGO — enfaticeé.
Enzo arqueó una ceja:
— ¿TÚ pagas?
— ¿Por qué no? No somos jefe y empleada aquí, ¿verdad? Entonces, yo te invito una bebida.
Enzo siguió los movimientos del camarero preparando las bebidas, sin apartar la vista ni