A la mañana siguiente, me despierto con besos en la cara. David me besa suavemente en las mejillas, la frente, la barbilla, incluso en la nariz; cuando hace eso, suspiro hondo y después abro los ojos lentamente.
—Mi intención no era despertarte —dice con un tono sinceramente apenado.
Tenía rato dándome besos, ya estaba despierta, pero no quise interrumpirlo en ese momento dulce, ya que no quería que se detuviera.
—No es por eso que desperté; mi horario ya se acostumbró a abrir los ojos a esta h