Fleur salió de la casa de su amante con el corazón roto y con lágrimas en los ojos, por suerte el pequeño Michael no se había levantado, eso era algo muy bueno, por lo que no le fue difícil caminar hasta el portón donde ya la estaba esperando el Uber que ella había llamado al salir de la habitación que hasta ese momento había sido como una especie de paraíso para ella ese mes en el que ella se atrevió a soñar.
—¿A dónde desea que la lleve, señorita?— le preguntó el chofer de Uber.
Ella solo sus