Sofía no sabía recibir cariño.
Eso era irónico, porque se pasaba la vida repartiendo cariño en forma de pan, sarcasmo, regaños, llamadas a horas indecentes y frases que una no quería escuchar, pero necesitaba. Sofía podía aparecer en mi casa con una bolsa de pan cuando yo estaba al borde de romperme