—Está bien —dije.
Damián no me miró.
—Parece poco.
Ahí estaba otra vez.
Me acerqué a él.
—No parece poco.
—Para todo lo que falté, sí.
La frase salió tan baja que Sofía, por una vez, fingió no escuchar. Mateo estaba en el cuarto, cantando algo inventado sobre dinosaurios con hambre.
Me apoyé contra