La mentira del camarón.
Zia aún sentía su mejilla caliente por la bofetada que le había propinado su padre hace unos minutos, la sangre le hervía, pero había bastado esa pequeña disculpa para que ella se calmara también.
Su infancia había sido bueno, muy poco recuerda ella el momento en que perdieron todo su dinero, por eso ella no siente que sufriera en aquellos tiempos. Nunca les faltó comida o un techo, para la joven Zia lo más importante era el afecto y la familia.
Todo eso cambió cuando los Berlusconi volvieron