—Vamos Aila, debes descansar.
Habíamos estado en el jardín hasta que Aidan había llegado.
La pequeña niña asintió con timidez levantándose del suelo para caminar tomando mi mano con firmeza.
No sabía lo que su madre le había dicho pero ella parecía confiar en mí a pesar de que no me conociera.
También he notado el respeto que ejerce Aidan en su manada.
Todos lo obedecen, incluso los niños y eso ciertamente me impacta un poco.
—¿Quiéres que te lea un cuento antes de dormir Aila? —le pregunté aún