—Te llevo a la cama —dijo sonriendo, levantándola en sus fuertes brazos.
Julia, de repente suspendida en el aire, se puso nerviosa. Sin atreverse a mirar su rostro, se escondió en su pecho sin decir nada.
Paso a paso, finalmente llegó a la cama y la dejó sobre ella.
Apenas Julia se metió bajo las sábanas, él la abrazó, atrayéndola completamente hacia sí. Sus labios finos se pegaron a su oreja mientras decía sonriendo: —Hueles tan bien después de la ducha.
—Quiero dormir —respondió ella en voz ba