Andrés abrió la puerta y entró. Julia estaba acostada de lado en la cama, dándole la espalda.
Sin poder ver su rostro, Andrés preguntó:
—¿Sigues durmiendo? Ya son más de las ocho. ¿No vas a levantarte para asearte, desayunar e ir a trabajar?
Julia, aún envuelta en las sábanas y con su ánimo afectado por la llamada reciente, respondió con cierto cansancio:
—Estoy algo agotada, quisiera quedarme acostada un rato más.
—¿Acaso estás enferma? —preguntó él, sentándose al borde de la cama.
Julia estaba